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Cuentos Inconclusos de Númenor y la Tierra Media

«Es, supongo, un tributo al curioso efecto que tiene la historia cuando se basa en obras muy elaboradas y detalladas de geografía, cronología y lenguaje; de modo que muchos claman que se les dé mera “información” o “datos folklóricos”.» ~ J.R.R.T.

«Mientras que muchos como usted solicitan mapas, otros desean indicaciones geológicas más que la situación de los lugares; muchos quieren gramáticas, fonologías, y especímenes élficos; algunos métricas y prosodias… Los músicos quieren melodías y notaciones musicales; los arqueólogos, cerámicas y metalurgia; los botánicos una más precisa descripción de los mallorn, elanor, niphredil, alfirin, mallos y symbelmynë; y los historiadores desean más detalles acerca de la estructura social y política de Gondor; los curiosos quieren información sobre los Aurigas, los Harad, los orígenes de los Enanos, Los Hombres Muertos, los Beórnidas y los dos magos desaparecidos (de los cinco mencionados).» ~ J.R.R Tolkien, Cartas

 

~ Cuentos inconclusos de Númenor y la Tierra Media es una recopilación de textos inacabados de J.R.R. Tolkien editada por Christopher Tolkien en 1980, poco tiempo después de la publicación de El Silmarillion. El artículo que pueden leer a continuación está escrito a partir de la Introducción del libro. ~

Los problemas con que se enfrenta quien tiene la responsabilidad de los escritos de un autor fallecido son difíciles de resolver. En el caso de los trabajos inéditos de J.R.R Tolkien él mismo, muy riguroso y exigente con su propia obra, ni siquiera hubiera soñado en permitir la publicación de estas narraciones – aun las más acabadas – sin que pasaran antes por un largo proceso de reelaboración.
Por otra parte, me parece que la naturaleza y el alcance de su capacidad inventiva ponen a sus historias, aun las abandonadas, en una posición peculiar. Que El Silmarillion no llegara a conocerse es para mí impensable, a pesar de su estado desordenado. Después de mucho vacilar, me atreví a presentar la obra no en la forma de un estudio histórico, un complejo de textos divergentes eslabonados por comentarios, sino como un cuerpo completo y coherente.

Las narraciones comprendidas en Cuentos Inconclusos, en verdad, pisan un terreno del todo distinto: tomadas en conjunto, no constituyen un todo, y el libro no es nada más que una colección de escritos dispares en forma, intención, acabamiento, y fecha de composición (y también, en el tratamiento que les di), referidos a Númenor y la Tierra Media. Pero el argumento en defensa de su publicación no es por naturaleza distinto, aunque sí de menor fuerza, del que sostuve para justificar la publicación de El Silmarillion.

Los que nunca hubieran renunciado voluntariamente a ciertas imágenes : Melkor con Ungoliant, cuando juntos contemplan desde la cima de Hyarmentir «los campos y pastos de Yavanna, oro bajo los altos trigales de los dioses»;  las sombras que arroja el ejército de Fingolfin al salir por primera vez la luna en el Occidente; Beren, que atisba encarnado  en un lobo bajo el trono de Morgoth; o la luz del Silmaril súbitamente revelada en la oscuridad del Bosque de Neldoreth, comprobarán, según creo, que las imperfecciones de forma de estos cuentos quedan con mucho compensadas por la voz de Gandalf ( que se oye aquí por última vez) cuando se burla del altivo Saruman en la reunión del Concilio Blanco en el año 2851, o cuando cuenta en Minas Tirith, después de terminada la Guerra del Anillo, cómo llegó a enviar a los Enanos a la celebrada fiesta de Bolsón Cerrado; por  la aparición de Ulmo, Señor de las Aguas, al levantarse el mar en Vinyamar; o por la de Mablung de Doriath, escondido «como un ratón de campo» bajo las ruinas del puente en Nargothrond; o por la muerte de Isildur cuando sale luchando del lodo del Anduin.

Muchas de las piezas que componen esta colección son desarrollos de temas contados más brevemente, o al menos mencionados, en otros sitios; y hay que decir sin más demora que muchos lectores de El Señor de los Anillos no encontrarán satisfactoria gran parte de este libro, pues considerarán que la estructura  histórica de la Tierra Media es un medio y no un fin, el modo de la narración y no su objetivo, y tendrán escasos deseos de seguir más adelante la exploración por sí misma; no querrán conocer cómo se organizaron los Jinetes de la Marca de Rohan, y de buen grado dejarían en paz a los Hombres Salvajes del Bosque de Drúadan.

Pero sea cual fuere el punto de vista que se adopte sobre esta cuestión, algunos, como yo encontrarán un mayor valor que la mera revelación de detalles curiosos en el hecho de saber que Vëantur el Númenóreano llevó su barca Entulessë, «El Regreso», a los Puertos Grises ayudado por los vientos de la primavera del sexcentésimo año de la Segunda Edad; que la tumba de Elendil el de la Atla Talla fue erigida por Isildur su hijo en la cima de la colina del fanal de Halifirien; que el Jinete Negro que vieron los hobbits en la neblinosa oscuridad de la ladera lejana de Bucklebury era Khamûl, el jefe de los Espectros de los Anillos de Dol Guldur, o aun que la infancia de Tarannon, décimo Rey de Gondor, que no tuvo hijos (hecho registrado en un apéndice de El Señor de los Anillos), tenía relación con los gatos, hasta ahora enteramente misteriosos, de la reina Berúthiel.

La construcción del libro ha sido difícil, y el resultado obtenido, algo complejo. Las narraciones son todas «inconclusas», pero en distintos grados, y en distintos sentidos de la palabra; por tanto, han exigido un tratamiento diferente; más adelante diré algo sobre cada una de ellas, y aquí sólo llamaré la atención sobre algunos rasgos generales.

El más importante es la cuestión de la «coherencia»: el mejor ejemplo es el texto titulado «La historia de Galadriel y Celeborn». Se trata de un «Cuento inconcluso» en un sentido amplio: no una narración que se interrumpa bruscamente como «De Tuor y su llegada a Gondolin», ni una serie de fragmentos como «Ciryon y Eorl», sino una hebra primaria de la historia de la Tierra Media que nunca fue definida con claridad, y que nunca tuvo forma escrita definitiva. La inclusión de las narraciones  y esbozos de narraciones inéditas, por tanto, implica la aceptación de la historia no como realidad fija, con existencia independiente, que el autor «comunica» (en el «papel» de traductor y redactor), sino como concepción imaginaria en desarrollo y que cambiaba en su mente.

El contenido del libro es enteramente narrativo (o descriptivo): he excluido todos los escritos acerca de la Tierra Media o Aman de naturaleza primordialmente filosófica o especulativa, y, donde se abordan tales materias, no las he continuado. Di al texto una estructura sencilla, mediante una división en Partes, que corresponden a las primeras Tres Edades del Mundo; hubo inevitablemente algunas superposiciones, como en el caso de la leyenda de Amroth que figura en «La historia de Galadriel y Celeborn».

La cuarta parte es un apéndice, y quizá exija cierta justificación en un libro llamado Cuentos inconclusos, pues los textos que contiene son ensayos de tipo general, discursivos, con muy pocos elementos narrativos o aun con ninguno. La sección de los Drúedain debió por cierto su inclusión original a la historia de «La piedra fiel» de la que es parte; y esta sección me llevó a incorporar las referencias a los Istari y los Palantíri, pues éstas (especialmente las primeras) son asuntos por los que mucha gente manifestó  curiosidad, y este libro pareció un lugar conveniente par exponer todo lo que queda por decir.

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Fragmentos de la introducción de Christopher Tolkien para los Cuentos inconclusos de Númenor y la Tierra Media (1980). Las citas de las Cartas proceden de esta misma introducción.



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